Convengo que hacer una bitácora del desarrollo de una historia es medio inconveniente porque, por supuesto, se incurre en revelaciones no deseadas por el lector. Sin embargo, siempre puede recurrirse al expediente de revisar solo la bitácora de los capítulos ya leídos. Además, este diario no consiste en una reseña sistemática.
El aspecto ventajoso de la bitácora es que presenta entretelones tal vez útiles e interesantes para otros novatos y asimismo es un modo de excusarse con el presunto lector ante los retrasos de una novela en progreso. Además, me provee una suerte de arqueología, que seguro me será muy interesante dentro de unos años.
Comencé esta historia cautivado por futuras escenas no escritas, por la posibilidad de contar detalles interesantes, detalles que imaginaba y recorría en subvigilia, componiendo un mundo raro, con sus propias reglas. Me interesan más los escenarios que las historias y tal vez por eso tardé tanto en escribir una. Esto me recuerda a J.G.Ballard, que admiro, entre otras cosas, por su habilidad de transformar los lugares en los protagonistas principales, de vendernos una historia pero darse el gusto de colar un gran polizón, el escenario, que parecía disfrutar más que cualquier otra cosa. También, el escenario es el personaje central de mi historia. Inventé individuos y circunstancias para completarlo y no al revés. Mi objetivo es alcanzar aquellas extrañas escenas imaginadas y sus detalles curiosos, y su precio es crear el andamiaje contextual, moviendo los caracteres que serán los ojos del lector. En el interín, y a fin de hacer más volumen, invento los detalles secundarios, en tanto sean coherentes y raros. Que sean raros es importante para mí, sino carecen de interés y en ese caso no escribo. Y toda esa invención de relleno ralentiza la escritura, porque, ¡caramba, no soy Jack Vance!
Otra cuestión: la relativa al romance. Es común mencionar, en sorna, su ausencia, o trato superficial, en la mayoría de las historias de ciencia ficción, sugiriendo que sus autores son entes artificiales o algo así. Pero si un autor de CF describiera decentemente los asuntos amorosos, la ciencia ficción del relato se iría al traste, pasaría a segundo plano. La CF no tolera esas distracciones, así que continuaremos con la costumbre.
Esta narración tiene tres hilos: el de Omas y sus amigos, el de Ario Zequiel y el hilo del punto de vista omnisciente, que sigue a Ristotle, pero podría andar por cualquier lado. Es posible que incluya un par de hilos más.
Disfruto más la escritura si escucho música, en general Chill Out. Aunque para esta historia mis temas favoritos son los del juego Halo 3 (Martin O'Donnell & Michael Salvatori), que se ha transformado en la "banda de sonido oficial" de "Algo paso entre los dioses" :)
Aquí un ejemplo: (sobre el boton flecha arriba está el que permite elegir otras pistas)
Alguien me preguntó el motivo de los ridículos nombres de los capítulos. Bueno, en un principio pensé dejarlos numerados, pero un día decidí adornar un poco la novela y en un rapto de buen humor, y recordando al viejo Erle Stanley Gardner ("El caso de la viuda peligrosa", "El caso de la ninfa negligente", "El caso del obispo tartamudo", etc.) los titulé componiendo con ellos una especie de reincidente letanía.
Comentarios a posteriori:
1: Los parias
Omas encuentra a Ulio y Jandro en la selva de una Separacion.
Una vez le dije a un gerente, sentado a mi computadora: "Estoy contento. El diseño de programas tiene dos momentos felices: el comienzo, cuando existe total libertad para planificar y el final, cuando todo lo escencial ha concluído y solo restan los detalles, y uno trabaja a toda velocidad, en parte de felicidad y en parte porque se lo quiere sacar de encima".
-¡Que bien! O sea, ¿ya está terminando el programa?
-No. Lo estoy comenzando.
Ese episodio me permitió acumular algunos puntos negativos que posteriormente me darían la libertad. Pero ese es otro tema. La anécdota viene a cuento porque las impresiones del comienzo de una novela son similares (y presumo que del final también), y por supuesto, le cabe a cualquier obra con múltiples relaciones internas. Así que mientras escribía el primer capítulo estaba feliz con tanto campo libre para crear. Y cosa extraña, luego de escribirlo seguí igual de feliz y conforme, en especial con el tono de buen salvaje de Omas, mucho menos sabio que el lector habitual de ciencia ficcion, que sabe perfectamente de que viene el asunto. También me gustó el barniz de arcaísmo en los diálogos, aunque mejor hubiera sido subrayarlo con formas antiguas del español.
El 9-2-11 volvi a hacer algunos cambios. Detallé la pelea de Omas por causa de Arla y rompí el halo de romanticismo frustrado que aún unía el guerrero a la mujer. Luego del incidente, la libido de Omas ha caído en un pozo.
2: Los paranóicos
El mayor Ario Zequiel es llamado a los cuarteles centrales, donde le informan que su hijo ha desaparecido.
El segundo capítulo fue interesante de trabajar porque podía y debía entregar más información del entorno geográfico. Y de boca de un testigo calificado, en definitiva el técnico que es el mayor. De paso presentamos la cultura dominante, Eresterra, una sociedad militarizada, industrial y últimamente, comercial. Quise darle un parecido con la Inglaterra del siglo XIX, pero la necesidad la mutó en una especie de Israel decimonónica y victoriana. La toqué, también, de una sistemática paranoia, fundamental para preservarse de los adversarios circundantes, que la superan en número.
Lo peor de todo fué suavizar la prosa del mayor. Cuando entro en su piel me transfiguro y me brota espontánea la estructurada, convencional y pedante redacción estatal, un resabio de mis epocas de empleado de correo, agravada por el consumo de centenares de novelas victorianas. No puedo evitarlo. Sólo los dioses saben cuantas horas gasté y gastaré pasando el cepillo y la garlopa literaria a las odiosas maneras gubernamentales del mayor. Todavía lo leo y lo detesto. Pero es parte del proceso de aprendizaje.
3: Los forasteros
Una compañía de guerreros libertianos llega a Diecisiete a cazar a Omas.
En este capítulo aprendí lecciones inesperadas. En principio no había mucho que escribir, pero debía hacerlo. Ignoré la tentación de obviar y resumir. De tanto en tanto me recordaba "el detalle es la carne de una novela". Lo que aprendí fué ese viejo truco de los conductores de programas radiales: llenar el tiempo con nada sustancial. Detalles y mas detalles. Los pensamientos de algunos personajes. Sus problemas prácticos. La descripción del amor imposible de Omas. Al final, resultó satisfactorio. Me dediqué a reirme de los libertianos y sus socios: siempre me causó gracia la candidez de las culturas primitivas.
El punto de vista omnisciente en tercera persona me liberó, y disfruté intentando el estilo "culturoso y burlón". El uso del tiempo presente y el estilo lo imité de William Hjortsberg en "Materia Gris". Aquí me tomé el atrevimiento de reproducir un párrafo suyo:
Dentro del oscilante recipiente craneano, la mente de Obu Itubi lucha por la salud. Su serenidad y la plácida visión subacuática terminaron al unísono, con el simultáneo cierre de todos sus demás controles sensoriales. La unidad de memoria, el sistema auditor y el centro de navegación, el conjunto de reconfortantes diales y medidores, todo se desvaneció en el mismo terrible instante. La oscuridad y el silencio lo encerraron como un espacio sin término. Itubi combate su temor con la razón. Sólo existen dos posibilidades: o bien el Amco-pak sufrió un súbito e inexplicable destrozo o el descalabro es el propio y está muerto.
Si ésta es la muerte, Itubi está en el infierno. Su aislamiento es completo y las alucinaciones y bardo visiones comienzan inmediatamente; pero, su mente consciente continúa su lógico y tranquilizador diálogo, a pesar de las olas de insania que se elevan en el oscuro océano de su subconsciente. Señales luminosas y ruedas de colores giran en la oscuridad. Una panoplia de demonios menores se retuercen y gesticulan. Los terribles rostros de sus acusadores tienen piedras preciosas incrustadas y los fríos ojos de rubíes se inflaman de crueldad. Minuto a minuto, la tranquila isla de su lógica se hunde, la salvaje marea de visiones arrecia e Itubi sabe que está perdido, que las fuerzas son demasiado poderosas. Pronto estará solo con su locura.
Indudablemente un fino escritor, para tomarlo como referencia, junto con J.G.Ballard.
4: Los fugitivos
Omas guia a Ulio y Jandro hasta sus dominios.
Una escena de acción estuvo rondando este tramo, pero no me animé. Describir acción sobre papel es tan difícil como filmarla. En una película debe prepararse la coreografía cuidadosamente. Los puntos más delicados son el momento del impacto. Los actores reprimen sus movimientos agresivos al hacer contacto con el otro actor, y ese reflejo hacía estragos en décadas anteriores: cualquier película anterior a los 80 da risa en sus momentos de acción. Los puños trazaban curvas ininterrumpidas y las víctimas se desplomaban sin contacto. Un leve zamarreo alcanzaba para dejar un individuo fuera de combate. Cualquiera se dejaba ahorcar por un zopenco. Pero últimamente casi lo hacen muy bien. La acción escrita goza de algunas ventajas sobre las fílmicas. Los puñetazos son puñetazos, los balazos y sablazos no se andan con remilgos. Pero las coreografías deben ensayarse tanto como en una película. Ensayarse en la imaginación, tomar notas e incluso hacer esquemas. Uno debe tener bien claro qué va a ocurrir, cómo, cuándo, en cada instante. Y luego describir todo eso en pocos trazos. El tiempo subjetivo del lector debe ser tan rápido como las acciones leídas. Como buenas referencias de escritores de acción mantengo al viejo Emilio Salgari y al contemporáneo Jeff Long, autor de "El descenso" (ver la reseña).
Uno de mis temores es que la secuencia lógica de los hechos mate o hiera personajes importantes. Una simple herida se convertiría un asunto serio, pues en esta novela las culturas representadas carecen de conocimientos médicos. Entonces debo planificar bien la escena de acción, de modo que parezca riesgosa y resulte, sin embargo, inofensiva para los personajes privilegiados.
Si, ya lo sé. Un escritor no debe temer los contratiempos de sus hijos y más aún, debe utilizar esos contratiempos para, justamente, crear el argumento. Todo barroquismo fáctico sera bienvenido, porque le dará carne a la historia. Los personajes deben sufrir y luego arbitrar soluciones alternativas y solo así transferirán aventura y emociones al lector. Caramba, voy a tener que superar esa cobardía. ¿O será, tal vez, miedo al trabajo? ¡Es, justamente, el miedo que un escritor no debe tener!
Además de empujar mis personajes hacia su objetivo, durante "Los fugitivos" aproveché para seguir describiendo estructuras comunes del mundo y revelar algo su Historia. Y dejé una deuda pendiente a pagar en la continuacion del hilo, como bien enseñaron los maestros del siglo 19, cuando los diarios vendían más publicando novelas por entregas.
5: Los audaces
Liberan al mayor Zequiel de toda responsabilidad en las acciones de su hijo, y se lo envía en su persecusión y del manual.
Sobre el quinto capítulo, estuve siempre centrado en alcanzar su remate final. Esa es una buena técnica de motivación. Armé un andamiaje horizontal, trabajoso, lo confieso, siguiendo la zanahoria de su punta de lanza, la última frase, que despide al mayor y lo catapulta tras Ulio y Jandro. El resto del apartado es relleno en su mayor parte. Debí recurrir al recuerdo de películas, lecturas, el sentido común, la lógica y la propia experiencia (algo de criptografía) para describir los procedimientos militares y de inteligencia. Como Eresterra transita los inicios de la revolución científica e industrial, y es un asunto bien conocido, resultó fácil inventarle una filosofía de base. Sobre la teoría Ettoriana de los Compenzoides, que alcanzó a asomar la nariz, no es más que un sistema filosófico que pergeñé en la adolescencia, y que llamé, pomposamente, la Teoria de los Sistemas Reales. Varios años me tuvo engañado ¡pues que sirva ahora de cosmovisión de utilería ! Lo de ettoriano deriva de Hector, mi primer nombre.
Las mismas lamentaciones acerca del estilo que el 2do capítulo.
Comentarios en tiempo real:
Capítulo 6
Este capítulo 6 está resultando especialmente dificultoso: ¡he pasado 5 meses pensándolo!. Lo único bueno de semejante páramo literario es no haber perdido el ánimo. Allí esta, el susodicho ánimo, como una semillita dormida, relamiéndose mientras sueña con jugosos detalles de futuros capítulos más felices.
Tengo dos problemas al volver al hilo de Ristotle.
El primero es continuar parejo el estilo del capítulo 3: "culturoso y burlón" (que practico en este momento). El segundo, más grave, es la suposición razonable de que nuestro hipotético lector espera encontrarse con la persecusión de Omas (y sus amigos). La persecusión es ineludible y su previsibilidad me molesta. Además, quiero describirla desde otro punto de vista, no desde Ristotle, y no deseo incurrir en repeticiones.
¿Como pasar por un camino ineludible sin parecer que estamos pasando?
Mi única solución fue pasar... disfrazado.
La persecusión ya ocurrió, y ocurrió desastrosamente, para Ristotle. El lector se enfrenta con hechos consumados, y con el enjuciamiento de los fracasados. Y así, indirectamente, tiene algún atisbo de los sucesos. Los detalles se entretienen con particularidades de la mentalidad libertiana y su sistema judicial. La sociedad de los Hombres Libres me causa mucha gracia, su cualidad tragicómica da género para cortar y moralizar. La sociedad eresterrana, por contra, a pesar de algunas incomodidades -un exceso de disciplina-, me resulta más admirable.
Bueno, caray, logré escribir satisfactoriamente un cuarto del capítulo.
Continuará...
Qué buena idea, la bitacora!
ResponderEliminarPermite saber cómo es construida la novela. Cuando la termines será interesante abrir la bitacora de nuevo.
Me gusta este nuevo fondo que hiciste.
Saludos.
Javier(Handler).